miércoles, 14 de julio de 2010

Una ciudad nacida para el Camino.

El Camino de Santiago no sólo ha sido una vía de transmisión de gentes, cultura y vanguardias; sino también la razón de ser de muchas localidades. Es el caso, por ejemplo, de Estella-Lizarra, fundada por el rey navarro Sancho Ramírez en el 1.090 como burgo de francos para atender la afluencia, cada vez mayor, de peregrinos. Hoy, es una ciudad de encanto. De calles alargadas, para atender el paso de los peregrinos, con maravillas del románico civil (como el Palacio de los Reyes de Navarra), del gótico (iglesia de San Pedro de la Rúa), o del románico tardío (convento de Santo Domingo).

Por supuesto, el arroz a la cubana (con una salsa de tomate para chuparse los dedos) y la tortilla de bacalao (y pimiento, cebolla y ajo), que ha hecho Jon para comer y cenar, tienen que ver en la buena percepción que me llevo de la ciudad.

Desde Puente la Reina a aquí hemos pasado por Mañeru, Cirauqui, Lorca y Villatuerta. Destaca el segundo de ellos por su ubicación en lo alto de un cerro, con dos bonitas iglesias dentro de sus murallas. Al salir del pueblo, hemos caminado por una de las pocas calzadas romanas (la de Burdeos-Astorga, para ser precisos), que quedan en el Camino.

En conclusión, otro día inolvidable. Da gusto ver cómo es la vida del peregrino. Hoy, estando con mis compañeros de Camino, me he dado cuenta de hasta qué punto el peregrinaje puede cambiar la actitud de las personas. Aquí no se es joven o mayor; suizo o catalán; católico o ateo; pobre o rico... Aquí, todos somos iguales; peregrinos.

Camino de reflexión, supongo.

Mañana, voy a una fuente que da vino. ¡Ya os contaré!


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martes, 13 de julio de 2010

Gracias Jon, gracias Aingeru.

He llegado a Puente la Reina. Atrás quedó el Pirineo (ya, definitivamente), atrás las montañas, las subidas, ¡¡las bajadas!!. Y es que, cuando éramos pequeños e íbamos con el colegio a las excursiones, nos encantaba bajar laderas, pero odiábamos subir montañas; ahora, es al revés... ¡¡vivan las subidas!! Porque, al bajar, no sólo tienes que felixionar tus rodillas más de lo normal, sino que tienes que usarlas como freno, tienes que dar pasos mucho más cortos, y tienes que hacerlo con los 17 kilos que debe de pesar mi bendita mochila.

Pero ya, todo eso, con sus más o sus menos, ha quedado atrás. Con Puente la Reina, y con su maravilloso puente, la historia cambia. Señores, ¡¡qué pueblo!! Sé que lo digo siempre, pero estas calles, estas iglesias, ¡¡este puente!!... Resulta que una Reina navarra mandó construirlo porque los peregrinos se tenían que desviar por un bosque peligroso, donde eran acechados por los bandidos. Al construirse, el pueblo recibió ese nombre, Puente la Reina (aquí son también muy vascos, y lo de los artículos a veces, no va mucho con ellos).

Pero antes de llegar, hemos pasado el bien (o mal) conocido Alto del Perdón, que no debe de ser tan famoso por su subida, sino ¡¡por su bajada!!. En cualquier caso, han sido unas vistas de película (espero no olvidarme, otra vez, de ajuntar las fotos).

Como hemos llegado bastante pronto, Jon, Aingeru (mis compañeros vascos), y yo hemos comprado una barra de pan, una lata de atún, un tomate, un chorizo... y unas cerves, y nos hemos puesto a la vera del río, a tres metros del puente, en el césped y a la sombra, a disfrutar de la vida. Después, como buenos vividores, hemos querido llevar la sobremesa en una buena terraza, con bebidas más divertidas (como ya estoy oyendo a mi padre, aviso de que éste, ha sido el primer lujo-descanso del camino).

Y como en nuestro albergue se podía cocinar, hemos comprado de todo, y Jon ha cocinado una cena de envidia (para el resto de peregrinos). Primer plato: ensaladita con gulas, cebollita frita, aguhacate y queso de cabra. Segundo plato: rissoto con gambas, setas, queso... ¡¡Qué delicia!! ¡¡Qué forma de cocinar (con apenas medios)!!

Y después (después de que medio albergue haya probado la cena), nuestra partidita de cartas de rigor. He tenido mucha suerte de encontrar a Jon y a Aingeru (Juan y Ángel, traducido al castellano). Y como ellos, todos los que forman parte del Camino. Es como una gran familia, donde ya casi nos conocemos todos, y nos contamos nuestros días, nuestras heridas, nuestras experiencias. Todo el mundo habla con todo el mundo. Todo el mundo sonríe cuando lo miras, y te ayuda cuando hace falta.

¡¡Caray!! Debe de parecer una experiencia anarco-comunista con esto que escribo...

Lo que decía, gracias al Camino, gracias a Jon, gracias a Aingur...
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lunes, 12 de julio de 2010

El peregrino no exige, agradece.

Ayer fue el partido. Sí. Y ganamos la Copa del Mundo. Y España está que no puede consigo misma. También. Pero para poder ver el partido, ayer paré (junto con mis dos compañeros vascos) en Zubiri, en lugar de llegar hasta Larrasoaña (el pueblo al que debíamos llegar), ya que en este último no ponían el partido (!).
Por tanto, hoy, la jornada ha sido dura, porque había que recuperar los cinco kilómetros que dejamos de hacer ayer, y además, al terminar hoy en Pamplona (que está colapsada debido a los San Fermines, hemos tenido que añadir otros tantos para llegar al siguiente pueblo, Cizur Menor.

Hecha la explicación, ¡Qué pueblos! ¡Qué Norte tenemos en España! Larrasoaña (donde hemos desayunado), Akerreta, Zurain, Irotz, Trinidad de Arre (donde está Villaba, de Indurain), Burlada y Pamplona. ¿Se puede pedir más? Puentes románicos, Iglesias de peregrinación que sea quedan a mitad de camino entre el románico y el gótico, ríos y naturaleza bruta y conservada...

Hacer el Camino es la mejor forma de conocer España. La España que comenzó la Reconquista, la que luchó por mantener las costumbres, la que mantiene orgullosa sus fueros y sus tradiciones. La España rural y liberal al mismo tiempo. Y bien me gusta.

Hablaba ayer con una catalana, que decía que el Camino la llamaba. Y tiene razón. El Camino te tiene que llamar. Te tiene que apetecer, mucho. A mi, sin duda, me está pareciendo una experiencia inolvidable, para toda la vida.

¡Ah! Por cierto, en el albergue en el que me quedo hoy, el coste es mínimo, cuatro euros (normalmente son de ocho euros para arriba), y además, tiene una cocina que puedes usar para hacerte la cena con tus amigos. Una pasada. La gente que lo lleva lo hace, de verdad, por amor al peregrino. Y ga sido aquí donde he conocido la máxima de la vía jacobea: el peregrino no exige, agradece.

Siempre me quedo con ganas de contar más, pero no quiero hacer esto eterno. ¡Mañana más!
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domingo, 11 de julio de 2010

¡Enhorabuena, España!

Se le ponen a uno los pelos de punta con este equipo... ¡Qué equipo! Siempre me he quejado de que nuestra sociedad presuma de patriotismo sólo en ocasiones deportivas, pero aún y todo, no dejo de alegrarme de las consecuencias de este partido, ¡enhorabuena!

Respecto a hoy, ha sido un día muy sencillito, 20 kilómetros, desde Roncesvalles a Zubiri, en apenas cuatro horas. Un paisaje maravilloso, y un cuerpo que aguanta.

Zubiri es un pueblecito, pequeño y divertido, con un río en el que mis dos nuevos amigos vascos y yo nos hemos bañado varias veces! Y con un puente románico bastante imponente.

Mis dos nuevos amigos vascos, con los que me he juntado a mitad de camino porque, como yo, querían ver el Mundial, son dos treintañeros encantadores, acogedores, políticamente interesantes, y con los que se puede hablar de todo, con tranquilidad, sin problemas. Vamos, unas joyas.

Ya os contaré más mañana, que hoy, con el partido, se ha hecho tardísimo. ¡Un abrazo!
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sábado, 10 de julio de 2010

Pirineos cruzados, pies destrazados.

25 kilómetros terminados. Pero no 25 km cualquiera, sino de subidas y de bajadas. Hasta los 1.410 metros de altura del Collado de Lepoeder. Me ha llovido, pero como he seguido subiendo, he superado a las nubes en altura, y he dejado el agua atrás... Se me han puesto unos caballos en medio del camino (como si fueran conductores del Metro de Madrid, y no me fueran a dejar pasar). En fin, lo que suele pasar cuando cruzas una cordillera.

Bien ha merecido la pena.

No soy capaz de describir todo lo que he visto, pero la naturaleza, los paisajes brutos, la interminable y enorme continuidad de montañas, las nubes debajo de mí (como si las montañas flotaran encima de ellas), han hecho que sea un paisaje inolvidable.

Por cierto, todo esto habiendo dormido seis horas, porque los hombres y mujeres del Camino no roncan, no... ¡¡cantan Zarzuelas por la noche!! Hoy tomaré medidas drásticas al respecto.

Este Camino representa la diversidad, véase:
1. SEÑORA suiza, de 60 años (sí, se-sen-ta) que no sólo pretende llegar hasta Santiago... es que ¡empezó en Suiza, en abril! (tócame las palmas Mari Carmen).
2. Argentinos, dos. Van con España en la final, y pretenden correr a los toros de Pamplona. Luego se van a Logroño, a San Sebastián, a Oviedo y a Madrí. Vamos, que van a volver más castizos que Agustín Lara.
3. Jena (natural de Colorado, EE.UU.), y su pareja Alfred (británico). Antisistema ambos. Se conocieron por MySpace hará tres años. Lo han dejado todo, y se han venido con sus perros, sus rastas y sus ideales a vivir la naturaleza. Amén.

RONCESVALLES
¿Pero qué chapuza es esta? A ver, querido Roncesvalles, recapitulemos:
-eres uno de los principales hitos del camino;
-fuiste también el más rico y desprendido hospital de la vía Jacobea;
-y te consideran uno de los primeros templos góticos de nuestro país;
Entonces, cómo dejas que rehabiliten tu tejado con ¡¡PLANCHAS METÁLICAS!! (ni la ampliación del Senado supera esto).

En fin, me pasaré a ver la tumba de Sancho VII, y después a la Misa de los Peregrinos. A que me bendigan.

¡Mañana más!
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viernes, 9 de julio de 2010

1 de 30, ya estoy más cerca del final.

Ya soy pregrino, la aventura ha empezado. Sólo me quedan 771 km, cruzar la frontera a España, andar por siete provincias, y confesarme (¡ángelamaria!) en la Catedral de Santiago.

Ahí es nada.

Pero he llegado a mi primer albergue.

Una breve sinopsis del día: ¡¡me he dormido!! No he empezado a andar y ya he omitido el despertador a las 0545 de la mañana... Por lo demás, como se esperaba: Madrid-Bilbao, Bilbao-Hendaya, Hendaya-Bayona y Bayona-Saint Jean Pied de Port.

Hendaya, un típico pueblo costero vasco-francés, destaca sobre los demás... ¿Por razones históricas? ¿Por la cultura viva que se respira en sus calles? ¿Por la elegancia de su bahía? No, no, y no. Destaca, simple y llanamente, porque en veinte minutos he contado tres banderas españolas en sus balcones. Y olé.

Bayona es increíble. ¡Qué iglesia gótica! ¡Qué calles empedradas, antiguas y cuidadas! Cuando ando por estas ciudades me da la sensación de que paseo por el medievo, como si de repente fuera a encontrarme un valido del señor a caballo para cantar un bando... Se me va.

Y finalmente, ¡San Juan a Pie de Puerto! Mi primer destino alcanzado, mi primera noche en un albergue, mis primeras ganas de invitar a jabón a mis compañeros de estancia... El pueblo es una joya en bruto, con una ciudadela perfectamente conservada, y unos franceses amabilísimos (!).

En fin, primera prueba conseguida. A dormir, que mañana el desayuno es a las seis...

¡Mañana más!
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