Mañana veremos.
El Bierzo: comarca casi circular, de unos 60 kilómetros de largo, y cercada por la cordillera Cantábrica y los montes gallegos. Este asilamiento lo ha hecho rico y singular, con características diferentes al resto de León. Incluso llegó a ser provincia independiente entre 1822 y 1823. Un decubrimiento del Camino.
Sus pueblos son de una belleza extraorinaria. Singulares. Hoy, Columbriales, Fuentes Nuevas, Camponaraya y Cacabelos nos han acogido con sus calles abiertas, sus edificios de piedra bien conservados (y restaurados), sus iglesias catedrales...
En Cacabelos, por ejemplo, su Iglesia ha conseguido crear una armonía interior semejante a algunas catedrales: calidez, tranquilidad, paz, relajación.
Después, en nuestro camino hacia Villafranca, han empezado a moverse los arbustos, y de repente... ¡pum! Dos cervatillos han pasado corriendo (y saltando) a dos metros nuestros. Una maravilla. Después hemos podido comer un par de moras, y un par de higos, cogidos por el propio Camino. 100% naturales.
Y nada más entrar en Villafranca del Bierzo, la Iglesia de Santiago (la primera siete u ocho que tiene este pueblo), de estilo románico lombardo, y una magnífica portada del Perdón (un privilegio del Papa Calixto III concedía a los peregrinos enfermos que pasaban por esta puerta la misma indulgencia o favores que hubieran obtenido llegando a Santiago).
La Colegiata de Santa María es otra maravilla del románico, antiguo asentamiento de la Orden de Cluny. Como curiosidad, al Castillo de cuatro torreones circulares que se construyó para defender la ciudad, hoy pertenece al compositor y director de orquesta Cristóbal Halffter. Y bueno, el Convento de la Concepción, el de San José, o la Iglesia de San Nicolás de Flaü (¡qué retablos barrocos!), son otros ejemplos de la extensísima arquitectura religiosa de este pueblo.
Otra joya del Camino, como podéis ver. Otra joya de El Bierzo.
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